Las tejedoras

Hemos leído el capítulo 4: “Hombres y mujeres somos diferentes, palabra de feminista” y el capítulo 9: “Si piensas feminista, follas mejor” del libro “No es país para coños” de @DianaLovar como punto de partida para la conversación de la clase de hoy.

Nos preguntamos hoy: ¿es lo mismo un grupo de personas que un agregado de personas?, ¿qué tienen en común las personas que pertenecen a un grupo?, hablamos de categorización y de las dinámicas que se generan en los grupos.

Añadimos un audio del programa Carne Cruda que nos ayudará a abrir la conversación sobre si mujeres y hombres tienen estilos diferentes de participación … social, política, económica.

“Hay que feminizar la política”. Me lo dijo Ada Colau al acabar nuestra entrevista el otro día y no dejo de rumiar la frase y compartirla desde entonces. Hablábamos de la actitud inflexible y autoritaria del macho que convierte la negociación en arena de una pelea de gallos. No quieren ceder, no pueden quedar por debajo, no están dispuestos a escuchar, a aceptar su desconocimiento, su error o la derrota. A mí me hizo pensar inmediatamente en una reacción que tenemos muchos hombres casi como un acto reflejo. Aunque no sepamos de algo, no nos podemos quedar callados, tenemos que mantener el tipo, así que hacemos como que sabemos y tiramos para adelante. Eso no es así porque lo digo yo que soy tu padre.

Nos cuesta admitir nuestra falta de conocimiento o habilidad porque a la mayoría nos han educado para ser los manitas, los enterados, los capaces y los capataces. Seguimos actuando como cuando éramos los encargados de traer la caza al poblado. El hombre provee, el hombre sabe, el hombre dispone. No nos han educado tanto para colaborar como para competir, competir por la comida, el puesto, la posición, la autoridad. Tenemos que llevar los pantalones y ser los reyes de la manada. Competimos porque no podemos dejar que se ponga en duda nuestra competencia. La vida es lucha y el trabajo una carrera. Por eso hay que meter los codos. Quita que ya lo hago yo. Deja que tú no sabes.

No todos los hombres lo hacen, claro, ni todos lo hacemos siempre, pero las mujeres hacen justo lo contrario en la mayoría de los casos, excepto cuando se comportan como hombres. No tienen problema en admitir su desconocimiento. Si no saben, preguntan. Escuchan. Buscan al que sabe. Tienen la habilidad de encontrar al que la tiene. Para eso tienden redes, conectan, relacionan, unen: tejen. Las mujeres son las tejedoras. Lenta pero incasablemente mueven y entrelazan los hilos en el telar para crear el tejido social y familiar que nos mantiene cosidos. Hacen equipo. Hilan en el telar mientras comparten historias, escuchan, no compiten, cooperan. Para enredar una madeja se necesitan dos personas que colaboran. Una sostiene mientras la otra va tirando del hilo.

Es una actividad que requiere tiempo y cuidado, como ocuparse de un niño. También ellas suelen ser más cuidadoras y cuidadosas, porque saben lo frágil que es la tela, lo fácil que es que se rompa el hilo. Las tejedoras tienen paciencia, dan tiempo al tiempo para que las cosas sucedan y no les importa volver atrás, destejer cuando se hace un nudo y volver a tejer de nuevo. La historia de las mujeres es la historia de Penélope tejiendo todo el día y destejiendo toda la noche para volver a empezar, para darle al hombre tiempo para hacer su odisea. Ulises hace la Historia que recogen los libros en letras mayúsculas, mientras su mujer desteje la suya una y otra vez.

Por eso la historia de Penélope, la de las mujeres, es invisible porque se hace y deshace. Pero es ella la que teje la trama, la que crea tiempo, como la araña elabora minuciosa su tela, para que la historia tenga una red sobre la que sostenerse. En un tiempo en el que el tejido se ha desgarrado, los hilos se han roto y se nos ha descosido el traje, necesitamos tejedoras. Necesitamos que sea visible su trabajo invisible, que el telar se haga público, que sus cuidados sean no sólo privados sino socializados, que sean ellas las que empiecen a tirar de los hilos. Tenemos un grupo de mujeres que empiezan a tomar el mando, que como Ada, tienen autoridad pero no son autoritarias. Manejan los hilos pero lo hacen con cuidado.

En realidad, pensaba yo después de hablar con ella, no hay que feminizar solo la política, hay que feminizarlo todo. Todos tenemos que ser tejedoras.

“Las Tejedoras” Javier Gallego, Crudo